Sonia Marta Mora, una mujer sin miedo a los desafíos

Su voz, pausada pero firme, se escuchó aquella mañana por todo el colegio. Desde los altoparlantes, una intrépida joven de 17 años llamaba a la acción y trazaba las líneas de su gobierno estudiantil. Minutos antes llegó al salón donde estaba el intercomunicador, lo encend y tomó el micrófono, levantando revuelo entre profesores y alumnas en plena hora de clases. Esa noche no durmió, pensando en la regañada del día siguiente, cuando fue citada para presentarse, a primera hora, en la oficina de la directora, entonces una monja. 

A muy temprana edad aprendió a sacar su fuerza interna para vencer temores y asumir retos, sean pequeños o mayores. Aquella líder estudiantil decidida, fue luego una profesional crítica y una funcionaria pública destacada que hoy, medio siglo después, se bate en el complejo y delicado mundo de la diplomacia.  

No le gustan las cosas fáciles y es obsesiva con su trabajo. Hace cosas muy diversas, y todas con el mismo empeño. Su vida profesional la combina con la cocina, las plantas, el tejido, su familia, sus nietos y su compromiso por ayudar a las mujeres a fortalecer su liderazgo. 

Vivió en Montpellier cuando vino a hacer su doctorado hace 35 años y regresó en 2018, para asumir la Embajada de Costa Rica en Francia.  

Hernán Gutiérrez Oviedo 

 

Sus progenitores le dieron ancla y alas 

Aquel 1 de julio de 1953, don Ernesto Mora Madriz y doña Anny Escalante Wiepking salieron corriendo para la Clínica Bíblica ante la llegada de su segundo hijo, una niña inquieta que años más tarde sería rectora de la Universidad Nacional, ministra de Educación y embajadora en Francia. 

Don Ernesto, un ingeniero topógrafo, y doña Anny, ama de casa primero y luego funcionaria del Instituto Centroamericano de Cultura (ICECU), sembraron en ella el espíritu de disciplina, la rigurosidad, la pasión por el estudio, el valor del esfuerzo personal y el amor al trabajo. “Pero mi madre añadió algo fundamental, la solidaridad y la compasión ante la necesidad ajena. A ella le debo la valorización del espíritu de servicio y de la humildad”. 

Su niñez la pasó en Plaza Víquez, cerca de la ferretería El Pipiolo, muy cerca de la casa de su abuela materna. En 1963, la familia se cambió a Barrio Córdoba, un sector de clase media ubicado entre La Y griega y Zapote. Allí pasó sus años de adolescente. Entonces ya eran cinco hermanos. 

Cuenta Sonia Marta que la abuela Elia, de ojos moros y con una voz preciosa, les cantaba canciones costarricenses y les hacía tortillas criollas; y su abuela Eduviges, una mujer blanca de penetrantes ojos claros, le tomaba las lecciones de inglés y, puesto que sus padres habían llegado de Hamburgo, le hablaba de lo que había más allá de las fronteras. Mientras su genética paterna la anclaba a sus raíces costarricenses, la materna la lanzaba a volar por el mundo.  

El deseo de sus padres porque sus hijos tuvieran una formación bilingüe, hizo que Sonia Marta estudiara en la Escuela Anglo-americana y en Colegio Saint Clare. “Ellos invirtieron sus recursos económicos en la educación de sus hijos y consideraron que aprender temprano otro idioma era importante”. 

Así que su primer encuentro con la educación pública tuvo que esperar un poco, hasta ingresar a la Universidad de Costa Rica (UCR). “Fue maravilloso ese contacto con compañeros que venían de colegios públicos, y algunos de hogares muy humildes, que eran más capaces que yo. Eso me generó una gran admiración por un país donde la educación pública podría unir a personas de diferentes grupos sociales. Ingresar en el sistema público fue decisivo para mí”. 

 La fuerza interna 

Empezaban los años 1970, el hombre había llegado a la Luna, la mayoría de los pocos televisores que existían eran a blanco y negro, y Costa Rica vivía una efervescencia social, encabezada por sus jóvenes. 

Sonia Marta era entonces presidenta de las estudiantes del Colegio Saint Clare, que en esa época era administrado por unas monjas norteamericanas muy sólidamente formadas, que hablaban de la libertad de pensamiento y respetaban al movimiento estudiantil. 

De aquel caos que provocó la travesura del intercomunicador, en lugar de reprendida salió fortalecida. “Desvelada y temblando, entré a la Dirección donde ya estaban unos profesores con la directora. Se me quebraba la voz, hablaba bajito. Sentía que el mundo se me venía encima », cuenta recordando su ida a la Dirección. 

Se secaba el sudor de las manos sobre la enagua gris del uniforme. Pero de ese miedo no volvió a saber más. Tras disculparse por la forma en que todo había ocurrido, hizo una disertación del acceso de los estudiantes al intercomunicador. A sister Marie Crucis, la directora, una mujer alta, fuerte generosa y sabia, no le quedó otra, siendo tan justa como era, que ceder ante los argumentos. Desde entonces, el derecho del movimiento estudiantil al uso del intercomunicador quedó garantizado. 

“Aprendí que, de los momentos de aparente debilidad, se puede sacar la fuerza interna. Eso me sirvió para toda la vida. Desde esos años sentí que tenía capacidad de liderazgo y descubrí las posibilidades que se le abren a una persona cuando lo asume”. 

Su amiga Patricia Salgado, quien la conoce desde que tenía 12 años, fue parte de aquel Gobierno Estudiantil que presidió Sonia Marta en el Saint Clare. “Desde la época del colegio pude observar sus extraordinarias habilidades organizativas y su estilo de liderazgo democrático y humanista. Ha sido siempre consistente y congruente con valores muy arraigados en ella a favor de la justicia social y del bienestar de las mayorías”. 

Un estilo de liderazgo que, para Sonia Marta, está fundamentado en la lección más importante de su vida: No tener miedo a defender los valores en los que se cree. 

 

Mujeres inspirando a mujeres 

Sus padres siempre le inculcaron la importancia de formarse y ser independiente. Sus abuelas, llenas de fortaleza y energía, fueron siempre una inspiración. “Durante mi crianza estuve acompañada de mujeres fuertes y decididas, mi modelo nunca fue el de una mujer tradicional”.  

“Sobre todo, trabajando en la Universidad, me di cuenta que los círculos de poder eran todavía, en esos años, predominantemente masculinos, entonces empecé a desarrollar una estrategia intencionada, pero cuidadosa, sin generar confrontación con ellos, para ir ganando espacios en favor del liderazgo de las mujeres, todos los días y en todos los lugares”.  

Como deshojando margaritas, Sonia Marta observaba líderes o compañeros varones y decía: “Esto es interesante, esto hay que aprenderlo… Esto es excluyente, arbitrario y nada empático, minimiza a las personas, no me gusta”. 

“Uno de mis mayores descubrimientos fue entender que en un contexto de dominancia masculina con frecuencia se generaba el conflicto entre nosotras mismas. Tengo muchos ejemplos de compañeras de trabajo fantásticas, con quienes empecé una relación de competencia y terminamos siendo profundas amigas y aliadas. Logré entender que, si yo las respetaba y dialogaba con ellas, podía romper esa agresión absurda entre nosotras”.  

“Durante los últimos 15 años he dedicado tiempo y esfuerzo a apoyar a otras mujeres. Muchas tienen un gran liderazgo que está como contenido, reprimido, esperando que una puerta se abra para salir y eso me apasiona. Me trato de acercar, sobre todo a las jóvenes, para compartir con ellas mis aprendizajes, y tratar de impulsar su fuerza interna para que florezca”.  

 

Se estrenó con una huelga 

Luego de graduarse como licenciada en Filología y Lingüística en la UCR en 1976, empezó su carrera en la Universidad Nacional (UNA), primero como docente en la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje, formando profesores de español, y luego coordinando el Área de Investigación. 

La Comunidad Universitaria la nombró rectora de la UNA en el 2000. En 2014, el entonces presidente Luis Guillermo Solís la llamó para que se ocupara del estratégico Ministerio de Educación Pública (MEP).  

Fue en el MEP donde enfrentó los mayores desafíos de su vida profesional, empezando porque al asumir su cargo enfrentó una huelga de docentes de todo el país, que se resolvió tras arduas negociaciones al cabo de tres semanas“Fue un reto mayúsculo en mi vida profesional y descubrí que tenía fuerza, perseverancia y capacidad para escuchar. El apoyo de mi equipo fue crucial”. 

Alicia Vargas, quien la acompañó cuatro años en el MEP, destaca que Sonia Marta no le teme a los retos, toma decisiones y siempre está abierta al diálogo. “Como su viceministra pude ver siempre una mujer fuerte, respetuosa, con una visión clara de lo que había que hacer, sólida académicamente y siempre informándose, estudiando, consultando y documentándose ampliamente para tomar las mejores decisiones”.   

Los ascensores hablan 

Para una ministra, tener contacto directo con funcionarios de todos los rangos no es fácil, pero en su caso los ascensores del edificio ROFAS fueron sus aliados.  

En el ascensor logró conocer directamente ideas brillantes de docentes y funcionarios. Una vez, una docente le contó, destrozada, del hostigamiento sexual que sufría en su colegioy, en otro, una funcionaria le contó que extraía la leche para su bebé detrás de un armario porque no había un espacio apropiado. 

A raíz de esas conversaciones informales, mientras subía y bajaba, recuerda Sonia Marta, llevó luego a profesores a su despacho y de ahí salieron magníficos proyectos, por ejemplo, propuestas creativas para frenar el abandono escolar, el fortalecimiento de las instancias encargadas de atender denuncias y asuntos disciplinarios dentro de una política de cero tolerancia al hostigamiento sexual y el Proyecto de creación de salas de lactancia en las oficinas centrales del MEP. 

“Fortalecimos la enseñanza en otras lenguas, especialmente inglés y francés, y se inició una modalidad pionera y novedosa de clases de mandarín y portugués para algunos colegios, especialmente en zonas vulnerables”. Como un logro de su administración la creación de una Unidad para la promoción de la igualdad de género en el MEP, y como parte del proceso destaca que fortalecieron y ampliaron el uso de las llamadas “Guías sobre sexualidad” (Programa de estudio para la afectividad y la sexualidad integral). Esta nueva política incluyó la declaración del MEP como “espacio libre de discriminación por orientación sexual e identidad de género.”   

Como Vicerrectora Académica de la UNA fue una de las impulsoras del Sistema de Colegios Humanísticos, una iniciativa similar a la de los Colegios Científicos pero especializado en áreas académicas como la filosofía, historia, literatura y el inglés. Actualmente funcionan cuatro Colegios Humanísticos en los Campus de la UNA en Heredia, Coto Brus, Nicoya y Sarapiquí.  

La científica costarricense Marcela Garitaquien vive en Montpellier, dice que se alegró mucho cuando supo que Sonia Marta asumiría la Embajada de Francia. “Como ministra se ganó mi absoluto respeto con las guías de educación sexual, un toro al que nadie quería cogerle los cuernos. Es una líder nata, muy inteligente, una máquina de trabajo, entusiasta y apuntada. Me ha dado consejos muy importantes para mi vida profesional”. 

 Estrechando lazos 

Su aprecio por la cultura francesa quizás se inició, sin darse cuenta, cuando habiendo estudiado inglés en la escuela y el colegio, decidió presentar la prueba de idioma, para bachillerato, en francés. Eso gracias a una profesora que la motivó a estudiar ese idioma y a que le gustan los retos. 

Pero fue de la mano del profesor de teoría de la literatura Manuel Picado, siendo estudiante universitaria, cuando empezó a descubrir la gran revolución de los estudios literarios franceses. Despertó en ella un inmenso interés por los autores y por el idioma, y empezó a soñar con estudiar en Francia. 

“Los años de estudios en Francia me confirmaron la calidad de la educación que había recibido en Costa Rica. Me sedujo el espíritu crítico francés y el respeto a la libertad de pensamiento. 

Conocí a pensadores clave en el campo de la semiología y a mujeres que estaban dando aportes fundamentales en el pensamiento crítico sobre la desigualdad entre los sexos. Fueron años de mucho estímulo intelectual”.  

Como embajadora, nombrada por el gobierno del presidente Carlos Alvarado, dice sentirse orgullosa de ayudar a fortalecer los lazos entre ambos países

“En Francia hay una gran admiración hacia Costa Rica por su respeto a los Derechos Humanos, su alta ambición en el campo del ambiente y su tradición democrática”. 

En 2006 obtuvo las “Palmas Académicas”, un premio que otorga el gobierno de Francia a personas destacadas en una rama profesional específica. Catorce años más tarde, el 28 de enero de 2020, el embajador de Francia en Costa Rica, Philippe Vinogradoff, le colocaba en París la medalla con el máximo reconocimiento que otorga la república francesa, la Orden de la Legión de Honor, por el aporte en la enseñanza de otros idiomas, especialmente del francés, y su labor en defensa de la diversidad cultural. 

 Alegría de vivir 

Cuando cierra la puerta de su trabajo y abre la de su casa, aparecen sus otras pasiones: la cocina, el tejido y la lectura. “Me quedan deliciosos los pasteles de palmito, también el de piña y de limón, los chiles rellenos y los enyucados. A mi familia les gustan mis ensaladas, el arroz con pollo y los tamales que me enseñó a hacer mi suegra”.  

Estando en Francia, dice, se ha propuesto aprender a hacer otros platillos. Pero, reconoce que, en materia de experimentos en la cocina las mayores iniciativas las lleva su esposo, Hernán. 

 “Tejo croché y también en dos agujas, mi cuñada era mi profesora y daba clases a diferentes grupos de mujeres, escuchando historias de mujeres. Al morir ella abandoné lanas y agujas, pero ahora he vuelto a retomar el tejido. Ya compré los materiales. Tengo como estímulo que a mi nieta Alma, de seis años, le encantan las manualidades. Con ella empecé una bufanda rosada; entonces, con el pretexto de enseñarle, estoy reencontrando ese camino que tanto amo”. 

Sonia Marta no se entretiene en una sola cosa, ni en un solo tema. Lee mucho, sobre todo literatura y análisis de la sociedad contemporánea, cuida sus plantas, y con su esposo, que es agrónomo, ha desarrollado el gusto por la naturaleza. “Disfruto mucho caminar sobre la arena y leer frente al mar. Me hace mucha falta la naturaleza de Costa Rica”. 

Su familia, dice, es su sostén emocional. “Mis tres hijas, Tatiana, Natalia y Gabriela, son mujeres llenas de fuerza, solidaridad y espíritu de lucha que me inspiran todos los días. Nunca nos han reclamado ser padres con un ejercicio profesional muy activo, desde pequeñas les enseñamos a ser independientes y a volar”. 

Hernán, su marido, la acompaña desde hace 50 años. « Ha sido un compañero extraordinario que con su afecto y acompañamiento me ha impulsado siempre a salir adelante con mis proyectos, en los buenos y en los malos momentos”. 

Para su amiga Patricia, Sonia Marta es una mujer que irradia « alegría de vivir ». “Es incondicional, generosa, alegre, sociable, cariñosa, observadora, aguda, sensible y empática. Siempre está cuando una más la necesita. Es una persona inolvidable”. 

 Junto al mar  

Tras su larga trayectoria como autoridad universitaria, funcionaria pública y diplomática ve en el horizonte una vida más pausada.  

“Mi prioridad es desempeñarme responsablemente y con excelencia como funcionaria pública, porque es un gran honor servirle a Costa Rica. Pero quiero llegar, en algún momento, a tener más libertad de horarios para descubrir cosas nuevas, escribir y aprovechar mi experiencia en puestos de liderazgo para acompañar a mujeres líderes. 

En el futuro se ve disfrutando más tiempo con su familia, sus hijas y sus nietos. « Me veo en Costa Rica, junto a mi esposo, cerca del mar ».