De los dedos de Judith sale magia

Cada día recorre en bicicleta las calles empedradas, cruza el río por sus puentes adornados con flores y deja atrás las viejas casas de arquitectura alemana para ir al Conservatorio.

Ser tutora en la ciudad de Estrasburgo no es cualquier cosa. Por su ejecución altamente estilizada de la guitarra, Judith se ganó un lugar y ha puesto en alto el nombre de Costa Rica y, más aún, de América Latina, en esta ciudad del este de Francia fronteriza con Alemania, considerada la « capital de Europa », de gran tradición artística, prestigiosas universidades y sede anual de importantes festivales internacionales de música.

Ahí, donde tocó Mozart y estudió Goethe, Judith conquistó durante 20 años un espacio no solo como concertista de primer nivel, sino como formadora de formadores europeos que enseñan los secretos de ese maravilloso instrumento.

Luchadora, rigurosa y disciplinada como artista, también es una tenaz regatista y defensora de los derechos de las mujeres.

Al principio de sus estudios universitarios coqueteó con la Ingeniería, la Química y la Farmacia, pero ninguna pudo con su gran pasión por la guitarra. Como si fuera una alquimista, de sus manos blancas y sus dedos firmes… lo que sale es magia.

Hernán Gutiérrez Oviedo

 La guitarra que nadie tocaba

De la Asunción no es un nombre artístico. Su apellido es muy joven y con una historia muy particular. Nació hace tres generaciones, en un pueblo rural de España, con su abuelo, un hijo ilegítimo que fue entregado a un orfelinato un 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen María. Las monjas lo recibieron y lo nombraron Julio de la Asunción, y la familia que más tarde lo adoptó le dejó ese apellido.

Judith es la menor de dos hijas de Joaquín de la Asunción, un profesor y agente de seguros, de origen español, y de María del Carmen Romero, una maestra del sur de San José. Ambos se conocieron en un pequeño pueblo rural de Pérez Zeledón y más tarde nacerían sus hijas Ruth y Judith, que se criaron en Curridabat.

Había genes musicales de ambos lados de la familia: por el materno, varios primos músicos; y, por el otro, su padre tocaba trompeta, clarinete y órgano. “En la casa había una guitarra que mi papá había traído de España, pero él no tocaba guitarra. Yo quería aprender un instrumento y le tenía el ojo puesto a esa guitarra que nunca nadie la había tocado”.

Judith estudió desde el kínder hasta el quinto año en el Colegio Calasanz. Estando en la escuela, pidió a sus padres que la pusieran a estudiar guitarra y, por sus habilidades, un profesor le sugirió seguir en la Etapa Básica de Música de la Universidad de Costa Rica (UCR). También le gustaba cantar. De niña ganó varios trofeos en festivales de canto y luego se integró a un coro en San Antonio de Desamparados.

A pesar de que fue el tercer mejor promedio de ingreso en la UCR, en 1986, considera que fue una estudiante desorientada en su búsqueda profesional.  “Mi profesora de español decía que yo iba ser escritora; el de matemática, que sería matemática; el de química, lo mismo; y nadie se interesó en orientarme realmente. Mientras estudié música, empecé Ingeniería Química, hice el ciclo básico de biociencias y entré a la Facultad de Farmacia”.

Luego de unos años de picotear entre las ciencias y el arte, Judith decidió terminar su carrera de guitarra y luego seguir con Farmacia. En 1995, se graduó con honores de licenciada en música con énfasis en guitarra, en la Universidad de Costa Rica.  “Cuando me gradué, me contrataron inmediatamente como profesora en la misma Escuela de Artes Musicales. Si yo hubiera estado más ubicada, probablemente me hubiera concentrado desde el inicio en la música. Sin embargo, no me arrepiento de lo que aprendí en otras áreas, las ciencias exactas me siguen pareciendo apasionantes”.

Concertista y pedagoga

Desde Estrasburgo, Judith es referente de la música latinoamericana en guitarra. Se sabe una ejecutante capaz de tocar cualquier pieza, de cualquier compositor y de cualquier estilo musical.

Tocó por más de diez años con la Orquesta de Guitarras de la UCR. Desde 1995 ha sido invitada a más de 30 festivales internacionales de guitarra en Alemania, Marruecos, Estados Unidos, México, Centroamérica, España, Ecuador y Francia. Ha dado conciertos como solista y en dúo en París y otras ciudades francesas, San José, Puebla y en Suiza. Ha grabado cuatro discos como solista y dos con el dúo Rayuela.

Ha tenido el privilegio de tocar en lugares emblemáticos como L’Auditórium de la Cité de la musiqué de Estrasburgo, La Sala de Conciertos del Museo Les Invalides en París o la Sala de la Iglesia Saint-Thomas en Estrasburgo, donde tocó Mozart en 1778. “Toco música latinoamericana con raíces bien profundas, que aquí nadie conoce, propongo cosas novedosas con mucho trabajo intelectual y una ejecución técnicamente elaborada”.

Cuando está en un concierto no solo toca con maestría su instrumento, sino que busca, a toda costa, llegar al punto mágico donde -describe- el público quede flotando, sin pensar en nada. Sus manos sobre la guitarra van hilvanando las notas, subiendo y bajando el volumen; aumentando y disminuyendo la velocidad hasta que llega al corazón del púbico y, como una especie de trance, lo hace viajar siguiendo su discurso musical.

Además de concertista, Judith enseña guitarra en varias instituciones de la región de Alsacea. En 2013, ganó un concurso en propiedad como “Artiste enseignant” (artista pedagoga) donde hay que demostrar que se trata de una artista de alto nivel. “No niego que he trabajado duro para posicionarme como formadora de formadores, sabiendo que, en un medio altamente competitivo como éste, hay que mostrarse fuerte y convincente”.

Es tutora en la formación de futuros profesores en el Centro de Formación de docentes de danza y música (CEFEDEM) de la ciudad de Metz; y en la Alta Escuela de Artes del Rhin. En los Conservatorios de las ciudades de Estrasburgo, Mulhouse y Nancy es jurado habitual, y en la Escuela de Artes de Schiltigheim es profesora y coordinadora pedagógica.

“Enseñar a tocar la guitarra aquí en Francia es un oficio de mucha seriedad y muy interesante. Los alumnos realmente estudian, las familias apoyan, una se siente valorizada, es algo que disfruto mucho”.

 

Como si fueran hijos

Como solista, Judith ha grabado cuatro discos: Arrabará, en 2000, que por ser el primero contiene piezas que había tocado muchas veces; Cadencias, en 2001, donde interpreta creaciones del compositor colombiano Jaime Córdoba;  Siwá, en 2002, una producción con las piezas latinoamericanas que más le gustaban y tocaba en sus conciertos https://www.youtube.com/watch?v=vAT0NQs_d_A; y Pasaje abierto, en 2006, en el que interpretó las composiciones del músico costarricense Edín Solís, del grupo Editushttps://youtu.be/VFjaw1Yjiw8?list=TLPQMTIwNzIwMjDCrsNh4LlC_w

“Edín compone muy bien y compone muy bien para guitarra. Yo sentí que estaba dispersando mucho su composición: para su grupo, para películas, para Rubén Blades… entonces le propuse que completara su producción para un disco y que yo le iba a grabar su música. Y aceptó ».

Esa producción fue la primera vez en Costa Rica que unió a dos talentos de este instrumento para producir un disco de guitarra costarricense. « Hace 12 años, eran contados con los dedos de una mano quienes componían para guitarra y Edín era uno de ellos, ahora hay muchos más”. Ese año Pasaje abierto ganó el premio ACAM como mejor disco de composiciones costarricenses.

Mucho más que dos

Judith y Graciela Pueyo se conocieron en Estrasburgo en el 2000. Ambas tenían una forma común de aprender y tocar la guitarra, propia de América Latina y no fue difícil que terminaran dándole forma a un dúo. En 2010, grabaron el disco que lleva el nombre del grupo: Rayuela.

“Yo toco con muchos músicos, puedo seguir a cualquiera; pero hay gente con la que uno no necesita ni siquiera mirarse, tocamos y todo sale naturalmente, uno respira al mismo tiempo y de la misma forma”.

Yannick, su esposo, describe esa dupla como precisa y dinámica. “Es un dúo milimétrico que funciona a la perfección. A veces parece que es una sola persona, pero una sola persona no puede hacer todo lo que hacen las dos”.

En 2018, el dúo produjo su segundo CD, Lluvia de estrellashttps://youtu.be/COt62wjsKoE?list=TLPQMTIwNzIwMjDCrsNh4LlC_w una selección de piezas de compositores de Cuba, Colombia, Argentina y Venezuela. “En Europa el ambiente musical funciona a partir de que produces un disco, antes de que exista el disco no te contrata nadie”.

 

El ‘feeling’ latinoamericano

La presencia de Judith y otros intérpretes latinoamericanos en Estrasburgo ha dejado huellas en la cultura musical de esta región de Francia. Ella y su dúo son, particularmente, referentes de la música latina en guitarra.

“Hay una fuerte influencia latinoamericana en la enseñanza de la guitarra en Estrasburgo y sus alrededores », dice. Su intervención en los conservatorios y escuelas de música ha sido muy importante, en los últimos 17 años.

« En América Latina el nivel de la guitarra en general es muy alto. Entonces, ser latinoamericano es símbolo de calidad. Manejamos todos los códigos de la música europea igual de bien, pero le tenemos el ‘feeling’ a la guitarra porque es un instrumento que tiene mucha raíz folclórica y popular. El guitarrista latinoamericano canta, el europeo no. Hay una gran diferencia que uno ya la trae, por eso los latinos hemos arrasado en Estrasburgo”. 

Tocar « ¿Como un hombre? »

Pero cuando se es mujer sobre todo en América Latina aparecen otros obstáculos, dice Judith.

“Este es un medio difícil y todavía sigue siendo machista, yo tuve que ganarme mi lugar. El hecho de ser mujer exige imponerse. En Costa Rica sigue habiendo muy pocas guitarristas mujeres y tienen igual talento. Siendo presidenta del jurado del Concurso Nacional de Guitarra solo había una mujer concursante, entonces una se pregunta: ¡¿qué es esto?!”.

Recuerda que entre los « piropos » que le hacían como guitarrista era que tocaba como un hombre. “Veo el machismo en todas partes. Y lucho contra eso en todo momento, estoy recontra despierta sobre estos temas.  Yo me manifiesto y no me dejo”.

“En Costa Rica eso del machismo es una catástrofe absoluta y aquí en Francia, también. No soy militante en grupos, soy militante personal. Aunque debo aceptar que la cultura francesa va un pasito adelante en la paridad de género y en el feminismo”.

 

El amor entre cuerdas y diapasones

¡O hacemos algo o no hacemos nada… pero es ahora!. Mas o menos así fueron las palabras con que Judith le dio una especie ultimátum a Yannick Galland quien era el solista de la Orquesta de Cámara de Guitarras de Alsacea (región del este de Francia donde se encuentra Estrasburgo) cuando visitó Costa Rica, en una gira por Centroamérica.

“Nos conocimos, nos gustamos y nos escribíamos. Luego él se fue a vivir a Colombia y nos veíamos de vez en cuando; pero el tiempo pasaba y pasaba. Cuando yo iba a cumplir 30 años, me puse a pensar que tal vez no íbamos a llegar a nada. Y dije: estamos o no estamos”.

Igual que Judith, Yannick tenía doble carrera y enseñaba derecho en la Universidad de los Andes en Bogotá. Pero, a diferencia de ella, él no se decidió por la música. « Él quería regresar a Estrasburgo a terminar su doctorado, entonces en 1998 nos vinimos los dos. La única forma de saber si sí o si no…. era probando ».

Tenían la idea de instalarse algún día en Costa Rica, pero poco a poco se fueron quedando en Estrasburgo. Después se casaron, y lo que fue provisional durante muchos años, vivir en esa ciudad, ahora es una decisión tomada.

Pero su relación con Costa Rica sigue siendo muy fuerte. Lee noticias todos los días, conversa con su madre, su hermana y está al tanto lo que pasa con lo más relevante de la música.

“Mi familia y mis amigos están en Costa Rica, y mi vida profesional estuvo durante muchos años allá. Últimamente viajo más en un plan humano a ver a mis seres queridos, voy una o dos veces al año, excepto este año que ha sido excepcional. Mi patria es mi patria”.

De vez en cuando hace gallopinto y el arroz con pollo le queda muy bien. Una vez al año hace tamales con una excompañera de Colegio que vive en Zurich.

 

Como el agua que duerme

Judith es una mujer luchadora, persistente y rigurosa, obsesionada por la calidad, estudiosa y observadora. Cada partitura la convierte en una ejecución perfecta.

Yannick destaca su gran obsesión por un instrumento que durante más de 20 años tocó durante tres horas diarias. “Es tenaz, nunca suelta, tiene una fuerza y una voluntad férrea para darle vida a una partitura, ponerle el soplo y hacerlo a la perfección”.

El guitarrista Edín Solís le reconoce su empeño por dar a conocer las obras costarricenses y latinoamericanas en Europa. “Judith es una guitarrista con una gran sensibilidad y un sonido muy cuidado. Una gran fortaleza es su disciplina y dulzura en el trato a los demás”.

Ella se compara con la tranquilidad del agua en reposo. “Por no cansarme nunca me enojo. He luchado siempre por todo, nunca me faltó nada, pero siempre tuve que ganarme mi lugar. Luchar es un rasgo de mi carácter. Pero soy como el agua que duerme”.

 

Manos para tocar… y remar

La obsesión por la perfección también la lleva al deporte. Desde hace cuatro años practica el remo en regata sobre las aguas del río Ill que atraviesa la ciudad. Se trata de un deporte en equipo, que requiere mucha sincronización y fortaleza física.

“Antes del confinamiento, iba a remar cinco veces por semana, en plena naturaleza, viendo cisnes, sus crías y muchas aves diferentes en la orilla del río”.

El invierno no le impide seguir practicando. Con una máquina de remo en el salón de su apartamento, sigue el programa de entrenamiento hasta completar 366 km durante los meses invernales.

Se trata de un deporte en equipo, que requiere mucha sincronización y fortaleza física. “Este deporte me ha dado más estabilidad para tocar la guitarra porque es una disciplina simétrica y hay que dominar todo el tiempo el equilibrio. Ahora tengo más resistencia y un poco más de musculatura, desde que remo no me duele nada”.

“No he perdido flexibilidad en mis manos y tengo más firmeza en los dedos. El deporte me ayuda en todos los aspectos de la vida, es muy gratificante me da mucho entusiasmo y seguridad”.

 

Proyectos y un retiro que se ve a lo lejos

El próximo año se cumple el centenario del nacimiento de Astor Piazzolla, el compositor y maestro del bandoneón argentino y el dúo de Graciela y Judith va a lanzarse de cabeza en una producción en su honor. “Estamos empezando la investigación de nuevas piezas de Piazzolla, arregladas para nosotras, va a ser muy bueno”.

Entre otros proyectos que andan dando vueltas con su dúo está uno sobre García Lorca con una cantante, algo sobre música italiana con una violinista y otro sobre música barroca con una percusionista y una violinista.

Aunque es difícil imaginarla sin su guitarra, Judith cree haber entrado en su última década como guitarrista. “Tocar la guitarra es físicamente muy agotador y quisiera tener más tiempo para hacer otras cosas, quiero leer y escribir. Bueno eso es lo que pienso ahora…. Pero ¿Quién sabe?”