Marcela Garita Hernández: Una tenaz y apasionada científica, alegre y humilde

« A pesar de que tuve otras tentaciones, me di cuenta que seria una eterna amante de la química, la biología y la matemática

Hernán Gutiérrez, periodista

 

Marcela Garita no sabe lo que es quedarse quieta, ni detenerse frente a un “no” cuando de desafíos se trata. Al tiempo que escribe un informe científico, cocina para sus amigos, cose sus cortinas o ensaya para bailar típico en alguna actividad de la Asociación de Costarricenses en Francia (ACRF). Todo con el mismo empeño y la misma pasión.

Acaba de regresar de Costa Rica, donde inauguró -como expositora principal- el segundo semestre de la Facultad de Farmacia de la UCR, fue recibida por la Academia Nacional de Ciencias, asistió a exposiciones y atendió entrevistas de los medios de comunicación y revistas especializadas.  Todos querían saber cómo es eso del descubrimiento que podría devolver la vista a millones de personas.

 

Hija de la educación pública costarricense, Marcela tiene muchas huellas de sus abuelos maternos.

De regreso a su casa en Francia, se quitó la gabacha, tomó el tren de alta velocidad y viajó tres horas hasta París para celebrar con la colonia costarricense la fiesta de la independencia. Allá se le vio sirviéndole arroz con pollo a sus compatriotas, arreglando la cocina y recogiendo chunches.

Así es ella: famosa en el mundo científico, humilde, bondadosa y alegre.

Marcela es hija de la educación pública. En el Liceo Rodrigo Facio de Zapote descubrió su amor por la química y la matemática; y en la Universidad de Costa Rica (UCR) tuvo una formación integral y humanista, y desarrolló su vocación por las ciencias médicas en la Facultad de Farmacia.

Creció con sus padres, Lidieth Hernández y Leo Garita -dos graduados en administración de la UCR-, y con su hermano en un residencial de Guadalupe. Pero también con sus abuelos maternos en una calle, cerca de la ciudadela de Zapote, donde la cuidaban en sus tiempos de escuela y colegio.  Ambos le dejaron huellas profundas.

De su abuela tiene la bondad. “En la casa de mis abuelos, a la hora del almuerzo, siempre había algún vecino o alguien necesitado que se arrimaba por un gallito. Siempre había un plato de más para alguien del barrio. Con mi abuela aprendí a bordar y a coser. Hoy yo misma me hago mis cortinas y en la casa tengo mi máquina de coser”.

De su abuelo aprendió la disciplina y el amor por el estudio. “Era extremadamente ordenado y organizado, era un hombre muy inteligente y todos los días estudiaba algo. Yo tengo eso, hasta de vacaciones yo estoy aprendiendo algo, me compro un libro, hago un curso on line, lo que sea, pero siempre estoy estudiando”.

Ganó los exámenes de admisión de la UCR y del Instituto Tecnológico. En un principio, quiso ser ceramista y estudiar Bellas Artes, siempre le gustó la estética, la decoración, la danza y el dibujo, hasta que sus padres la convencieron de postergar esos deseos diciéndole: “podés estudiar Bellas Artes cuando vos misma te podás pagar tus estudios”. Y ahí acabó la discusión.

“Como me mataba la química, me incliné por la UCR que tenía Farmacia y me encantó. Pero luego vi que ni farmacia hospitalaria ni farmacia comunitaria eran para mí, entonces me dije: ¿Ahora qué hago? Decidí dar clases y dedicar unas horas a la investigación en el programa de Neurociencias”.

Siempre había tenido ganas de aprender biología celular y le salió la oportunidad, en 2004, de ir trabajar a un laboratorio en España. No lo pensó dos veces y dejó las aulas universitarias… a ver cómo le iba.

Un año después ingresó a una maestría en terapia celular en la Universidad de Sevilla y dos años más tarde, el día de la defensa de su tesis, el destacado investigador inglés Shomi Bhattacharya la llamó para invitarla a hacer su doctorado en el Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (CABIMER), donde se especializó en convertir células madres a células fotorreceptoras de la retina.

Por la calidad de su trabajo, fue invitada en 2012 a integrar un equipo de investigación en el Instituto de la Visión, en París, que está formado por tres franceses, dos alemanes, una turca, una eslovaca y Marcela, la costarricense, única investigadora del continente americano en el grupo.

Marcela se especializó en la producción de células fotorreceptoras de la retina a partir de células madre de la piel

Haciendo magia

 

Si en alguna parte del cuerpo fallan o mueren células, es posible regenerar nuevos tejidos y reparar órganos, con lo que se llama “terapia celular”.
Esto se logra a partir de una célula muy potente llamada célula madre, capaz de convertirse en cualquier tipo de célula especializada (por ejemplo, células nerviosas, células del corazón o células de los músculos), a través de un proceso que se conoce como “diferenciación celular”. Ambas, “terapia celular” y “diferenciación celular”, son experticias de Marcela.

Hace unos años, las células madre solo se obtenían de un embrión de cinco días de concebido, lo que era muy polémico porque suponía la muerte del embrión del cual provenían. Sin embargo, actualmente las células madre se pueden obtener de un pedazo de piel, explica la científica.

En su doctorado, la científica costarricense se especializó en la producción eficiente de células fotorreceptoras de la retina a partir de células madre de la piel. En estos años desarrolló una gran destreza para “crear” esas células que hacen posible el milagro de la vista.

Pero no bastaba con crear y producir células fotorreceptoras de la retina a partir de células de la piel, sino que esas células tenían que ser sensibles a la luz.

Ella y sus siete colegas del Instituto de la Visión sorprendieron al desarrollar una técnica única en el mundo para producir células fotorreceptoras, a partir de células madre, que al ser colocadas en el ojo son capaces de restablecer la retina dañada y hacer recuperar la vista. Para ello echaron mano de otra técnica científica llamada Optogenética.

La primera vez que el equipo comprobó que estaba obteniendo células capaces de responder a la luz fue un día a finales de 2015 en que estaba, con otro de los científicos, en el laboratorio de electrofisiología midiendo los cambios de voltaje de una célula fotorreceptora a la cual le habían introducido un gen que hacía que respondiera a los estímulos luminosos.

“Yo pegué un grito, no lo podía creer. Esperábamos cierta respuesta de la célula a la luz, pero no la respuesta obtenida, respondía mejor que un fotorreceptor natural. En ese momento llamamos a los jefes, vinieron corriendo y se armó el burumbum…”, recordó.

Algunos tipos de ceguera o enfermedades de la retina como la retinosis pigmentaria o la degeneración macular, que tienen que ver con la pérdida o deficiencia de células fotorreceptoras, podrían corregirse con esta técnica.

Marcela ha empezado a tener sus primeros pupilos entre asistentes de laboratorio y estudiantes de postgrado.

Según la investigadora costarricense, el protocolo científico fue probado exitosamente en ratones en el Instituto de la Visión, pues en tres o cuatro semanas recuperaron la vista. El procedimiento, que significó más de cuatro años de trabajo, se patentó en marzo de 2018 y sólo faltan pruebas en mamíferos mayores y ensayos clínicos para probar la seguridad de la técnica en seres humanos.

 

 

 

Una científica no tiene por qué ser aburrida

Marcela es organizada, previsora y obsesivamente responsable. Sus allegados reconocen en ella su buen humor y nobleza de corazón.

“Lo que me gusta de Marce es que ella siempre está alegre y disponible. Es de las amigas que siempre están allí, con buenos consejos qué dar. Es muy elocuente, inteligente y tiene una gran capacidad de comunicarse con la gente, donde llega siempre hace amigos”, dice Adriana Ávila, una de ellos.

A sí misma se describe como espontánea, impulsiva y determinada. “Mi papa dice que soy cabezona, mi madre es muy negociadora y yo tengo eso. A lo largo de mi vida me han dicho ‘no’ muchas veces en muchas cosas, entonces he intentado que se crean que acepté el ‘no’, pero en realidad sigo buscando el ‘sí’. 

La cocina, la costura y la danza son pasiones que Marcela combina con su quehacer científico.

Su carácter contrasta con el estereotipo de un científico aburrido y serio. Cuando daba clases, entraba al aula, ponía el bolso en el escritorio y los estudiantes seguían afuera. No esperaban que fuera la profesora; pero, en lugar de decepcionarlos, los sorprendía.

“Siento que no soy el prototipo de un científico, no me veo como lo que tradicionalmente se espera de un investigador. Pero los científicos también podemos ser graciosos, cocineros, bailarines. No todos tenemos que tener el aspecto de un ratón de laboratorio para ser un buen científico”.

Ella, en particular, ama la cocina y el baile. “Me encanta hacer comida, hasta me atrevo con platos franceses. Hice ballet, danza contemporánea y bailes folclóricos. Cuando algo me gusta, soy muy apasionada y me doy por completo”.

“Estamos muy acostumbrados a prejuzgar a la gente por la primera apariencia. Algunas personas no me toman en serio, sobre todo al principio. Lo que me gusta es que se den cuenta por mi trabajo que me pueden tomar muy en serio”. Como si lo necesitara, asume como un reto convencer a la gente de que es una buena científica.

Desde hace tres meses Marcela se trasladó de París a Montpellier, donde recibió una oferta laboral en el Instituto de Neurociencias de Montpellier. Tras saltar por varias ciudades de Europa, parece que encontró su lugar en esta ciudad cercana al Mediterráneo, donde ha sido acogida con mucha calidez.

“Me gusta mucho cómo me tratan en la calle, en el trabajo, me siento muy a gusto aquí”. Con cajas aún sin abrir, aún está armando su nuevo hogar que, piensa, será por mucho tiempo. Pero como nunca se queda quieta, habrá que ponerlo en duda.

 

Dra. Marcela Garita Hernández PhD

Especialidades:
Biología de células madre, Diferenciación celular, Neurociencias y Neurofarmacología

Estudios:
1995-2002. Licenciatura en Farmacia, Universidad de Costa Rica, UCR.
2005-2007. Master en Investigación Biomédica, Instituto de Biomedicina de Sevilla, IBIS, Universidad de Sevilla.
2008-2013. Doctorado, Terapia celular y medicina regenerativa, Cumlaude, Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa, CABIMER, Universidad de Sevilla.
2012-2019. Post Doctorado en el Instituto de la Visión, de la Universidad Sorbonne, París.
Actualmente es investigadora del Instituto de Neurociencia de Montpellier. Universidad de Montpellier. Francia.